Esta mañana, al despertar, me siento extraña, como si me hubiera convertido en un bicho raro, un caracol gigante bañado en una baba espesa y maloliente, con una pesada concha sujeta a mi espalda que apenas me deja respirar. Pienso en Kafka y me río: seguro que no es más que una pesadilla y, de un momento a otro, despertaré en mi cuerpo de siempre.
Llevo dos meses atenta a las señales de que vuelvo a ser yo, y los sándwiches de ensaladilla que había en el caparazón se están agotando.
Publicado en la web de Adella Brac (Reto 5 líneas, febrero 2026)
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