Alguien se había llevado el balón en nuestras narices. Desde que tocó en la bota de Juanito hasta que Emilín dio un puntapié al aire habían pasado apenas diez segundos, y nadie se había acercado a nosotros. Nos quedamos perplejos y desorientados, mirándonos unos a otros sin saber qué hacer. Toño propuso, con buen criterio, buscar la pelota: “no puede estar muy lejos”. Juanito se sonrojó, sabiendo que aludía a su escasa fuerza en los pases, y se fue a remover los matorrales del otro extremo del campo. Berto y yo revolvimos abrigos y mochilas, Quique se asomó al barranco del río, Paco inspeccionó los árboles vecinos. Todo en balde.
Mientras, Ernestina, con cara de póker, escondía a la espalda la varita del curso avanzado de magia que le había llegado por correo aquella misma mañana, junto con las instrucciones del primer hechizo: “desapariciones”.
Publicado en la segunda propuesta (tercer día) del concurso de microrrelatos "El Mundial también se escribe" de Facebook (junio 2026)