Juré que nada ni nadie me separaría de aquel muchacho de ojos de mar y sonrisa a corazón abierto, pero no contaba con que mi propia hermana me traicionase. Es lo que tiene ser gemelas, que tenemos los mismos gustos y, cómo no, ella también había sucumbido a las doradas flechas del angelote ciego. Aprovechando un viaje de trabajo que no pude eludir, consiguió adelantar mi boda, suplantándome. Los ojos del novio al verme entrar a la carrera en la iglesia eran todo un poema de terror.
Publicado en la web de Adella Brac (Reto 5 líneas, marzo 2026)