Mi
abuelo siempre contaba que, una noche de faena, pescó a mi abuela en
sus redes y que ella cambió su cola de escamas plateadas por una
vida juntos. La abuela le quitaba importancia con la mano, mientras
cruzaban sonrisas cómplices. Cuando el abuelo murió, creí que ella
se nos iba detrás. Se pasaba todo el día sentada en el sofá,
pálida, con un velo triste en la mirada, como uno de esos cielos
grises de lluvia fina. Desaparecido lo que la anclaba a la tierra, el
mar la reclamaba con un murmullo insistente y poderoso, y cada vez
bajaba con mayor frecuencia a la playa, a enredar los pies en la
espuma que lamía la arena, dejando que el viento le alborotase las
canas y los sentimientos.
Hoy,
no conseguimos encontrarla por ninguna parte. Sus huellas se pierden
entre las rocas y sus zapatillas flotan en un charquito que dejó la
marea, junto a unas algas y un cangrejo asustado. Sospecho que al fin
ha regresado allí donde pertenecía: en esa botella con un velero
dentro que me regaló el abuelo por mi quince cumpleaños, junto al
barco nada ahora una sirena de cola plateada y canas al viento.
Publicado en la web "EstaNocheTeCuento.com" (Tema: "Pertenencia"), agosto 2026