Miró el reloj: tenía el tiempo justo. Desplegó estratégicamente las figuras de cartón por la grada y conectó el radiocasete con el temporizador. Entonces cogió un balón, avanzó por la banda, dribló a un defensa imaginario, disparó a puerta y marcó el gol de su vida, mientras el radiocasete estallaba en vítores y aplausos enfervorecidos. “¡A la bimbobá!”, clamaba la grabación. Corrió por el campo devolviendo aquellas sonrisas plastificadas, antes de recogerlo todo y sepultarlo en su mochila. Cuando el guardia se asomó para preguntarle qué tal llevaba la faena, ya estaba otra vez acoplado a la segadora de césped.
Publicado en la segunda propuesta (séptimo día) del concurso de microrrelatos "El Mundial también se escribe" de Facebook (junio 2026)