sábado, 2 de mayo de 2026

EL FARO DE LA MEDIA LUNA

Como todas las noches, Juan sube a encender el faro. En su familia es una tradición que suma ya tres generaciones: su abuelo ayudó a construirlo con sus propias manos y, una vez acabado, asumió el compromiso de mantenerlo siempre encendido, en lo más crudo del crudo invierno o en lo más tórrido del más tórrido de los veranos. En cuanto la luz de la tarde iba rayando hacia tonos de naranja, el buen hombre subía las escaleras de la torre, al principio saltando los peldaños de a tres, más pausadamente con el paso de los años, y con visible esfuerzo hacia el final, cuando ya la artrosis había hecho presa en sus recios miembros.

Su hijo, el padre de Juan, sin pasión especial por ningún otro oficio, hizo suyo el de su progenitor, que le instruyó con mimo y paciencia en el noble arte de prender la fogata que debía arder en el centro de la torre durante toda la noche. Aún seguía el padre de Juan en esa dichosa etapa de su juventud en la que los escalones corrían de tres en tres bajo sus pies, cuando la hoguera fue sustituida por un potente foco y se acristaló la torre, haciendo la tarea más sencilla a la par que más confortable: allí dentro el invierno no era tan crudo ni el verano tan tórrido como los que había sufrido el abuelo, que a esas alturas descansaba ya muy cerca de allí, al pie de un roble, junto a la Ermita. A veces, el padre de Juan se imaginaba al viejo farero, yesca en mano, mirando con desprecio el interruptor del moderno foco, componiendo aquella mueca torcida tan suya que no dejaba lugar a dudas sobre su opinión acerca de aquellos “inventos del demonio”. Una mueca que, sin darse cuenta, reproducía el hombre con toda exactitud en su propio rostro cuando Juan intentaba enseñarle a manejar un teléfono móvil.

Juan sí tenía pasión por otro oficio distinto al de farero: le gustaba escribir. Desde niño, su fértil imaginación no paraba de hilvanar historias en su rubia cabecita y, con el correr del tiempo, esos cuentos infantiles derivaron en relatos de intriga y de misterio, truculentas ficciones próximas incluso, algunas de ellas, al terror, que le granjearon un nombre y una reputación en la comunidad literaria, amén de pingües beneficios con la aparición de cada nueva novela.

Cuando su padre, muy a su pesar, vio llegado el momento de su jubilación, Juan ni se lo pensó: su trabajo podía llevarse a cabo a la perfección desde cualquier lugar, y aquél en concreto encajaba divinamente, con su ambiente solitario y melancólico, en el marco de sus historias. Así pues, se propuso matar dos pájaros de un tiro: seguir con la tradición familiar, para regocijo de su progenitor, y aislarse en el faro para escribir sus novelas en paz.

Y aquí sigue, diez años después, subiendo noche tras noche a la torre en cuanto el primer rastro carmesí mancha el horizonte, a pesar de que hace tiempo que existe una conexión con el interruptor principal en el pequeño apartamento bajo el faro, haciendo innecesaria la escalada. Pero a Juan le gusta asomarse a la balconada que rodea el foco, enviar un silencioso saludo hacia lo alto del monte en el que su padre reposa junto a su abuelo, mano a mano, junto a la Ermita, y luego acodarse en la barandilla a contemplar cómo la espuma de las olas se estrella contra las rocas, salpicando de nieve la espesa negrura justo antes de que el haz de luz la acuchille sin piedad, como el asesino de una de sus novelas.

Esta noche, Juan está inquieto. El cielo despejado, sin señal alguna de tormenta; el mar en calma, espejo pulido donde las estrellas flotan, perezosas, a la deriva; la leve brisa perfumada de sal que alborota sus cabellos con el cariño de una madre... ningún indicio de nada fuera de lo corriente que pueda inquietarle... y, sin embargo, Juan está inquieto.

Clava los ojos en la oscuridad que lo rodea, esquivando con pericia el filo brillante que, de tanto en tanto, la parte en dos. ¿Es un chapoteo eso que llega a sus oídos? ¿Un bote de remos, tal vez, acercándose sigiloso a la orilla? ¿O es su imaginación, imbuida de la trama de su último libro, aún inacabado, que juega con él al escondite? Para cerciorarse, baja a la carrera de la torre, sale fuera atrapando al vuelo la linterna que cuelga siempre junto a la puerta, y recorre el camino que serpentea ladera abajo hasta morir en la diminuta playa. Allí, Juan tiene varado un barquichuelo pegado a la pared de roca, bien a cubierto de las mareas, para sus pequeñas incursiones marítimas en busca de inspiración y, ocasionalmente, de algún pescado para cenar.

La luz de la linterna barre la arena, remedando con modestia al potente foco que, justo en ese instante, ilumina las oscuras aguas. Nada. Nadie. Juan hace un segundo barrido y le parece descubrir un esquivo reflejo cerca de las rocas del extremo. Hacia allá se encamina, cauteloso, con un redoble de tambor vibrándole en el pecho y la boca reseca.

Viene a su memoria un cuento que su abuelo le contaba de niño: la visita de una sirena cierta noche de media luna, como la que hoy brilla sobre su rubia cabeza, una sirena de doradas escamas que le dejó como regalo un bebé: el padre de Juan. A continuación, su padre tomaba el relevo y le narraba exactamente la misma fábula sólo que, en esta ocasión, el bebé era él. Sacude la cabeza con una sonrisa, comprueba que las rocas están desiertas y emprende el regreso al faro.

Bajo la media luna, un destello dorado se sumerge en las aguas, sigiloso, mientras Juan cruza la puerta y, atónito, escucha el débil llanto de un bebé.

Finalista en el Certamen Literario "Breverías" (Valdemoro, Madrid), abril 2026

miércoles, 29 de abril de 2026

INCONSISTENCIA SEMANAL

Puso los pies al borde del pretil del puente. Miró hacia abajo, al vacío, sintiendo todos los músculos en tensión. Con una profunda inspiración, cerró los ojos, abrió los brazos y se dejó caer. Durante unos instantes que le parecieron eternos, se meció en el abrazo del aire frío de la mañana, antes de entregarse a la euforia del vertiginoso descenso. Hasta que éste llegó a su fin y la cuerda elástica que le ceñía los tobillos cumplió su función, impulsándole de nuevo varios metros hacia arriba. Mientras se balanceaba a unos palmos del suelo, escuchó el griterío y los aplausos de sus compañeros, allá arriba. Al girar levemente la cabeza, vio que el siguiente ya estaba preparado: fin de la aventura. Se desató y echó pie a tierra, consciente de que esa osadía de fin de semana estaba a punto de agotarse y, dentro de unas horas, volvería a ser el chico tímido incapaz de pedirle una cita a su compañera de despacho.

Publicado en la web "EstaNocheTeCuento.com" (Tema: "Coraje"), abril 2026

martes, 28 de abril de 2026

QUÉ VIDA MÁS INGRATA

Respirar. Despacio. Profundo.

Visualizar la distancia que me separa del objetivo, la carrera óptima, la altura precisa, el arco perfecto para superar el listón sin rozarlo siquiera.

Y allá voy, con todas las fibras de mi cuerpo en tensión, cortando el aire como una saeta, sintiendo ese leve balanceo preludio del salto que conduce a la gloria. O no: el más mínimo error puede suponer la diferencia entre la preciada medalla y el olvido absoluto.

En el último segundo, al pie ya de la colchoneta, me clavo en el foso y me arqueo para impulsar a mi compañero hacia arriba, más arriba, y más aún... Veo cómo se eleva, su propia ondulación, su caída al otro lado entre ruidosas ovaciones, mientras la mía pasa desapercibida para todo el mundo salvo para alguna imprudente hormiga que cruza la pista por donde no debe.

Allá va él, envuelto en los abrazos de su equipo, en los gritos de elogio de su entrenador, en la dulce neblina del éxito. Y aquí quedo yo, inútil ya, arrastrada sin miramientos por el suelo para dejar paso al siguiente competidor.

Qué ingrata es la vida de una pértiga.

Ganadora del I Premio de Microrrelatos "Talarrelatos" (Feria del Libro de Talavera de la Reina, Toledo), abril 2026

jueves, 23 de abril de 2026

CAMBIO DE AIRES

Si pudiese vivir otra vida pondría cuidado en elegirla bien. Nada de gobernar ínsulas imaginarias, ni de arremeter contra molinos de viento o rebaños de ovejas, ni de pasarme el día desollándome las posaderas sobre un asno. No señor. He echado un vistazo al catálogo de la Biblioteca y he localizado un lugar en el que las únicas preocupaciones son deshollinar chimeneas, podar árboles y regar una única flor. Muy tranquilo. En cuanto mi señor se despiste, salto de este vetusto libro y me instalo en ese pequeño planeta, aprovechando que su dueño siempre anda de viaje.

Segundo premio en el XIII Concurso de Microrrelatos de la Universidad Popular Miguel Delibes (Alcobendas, Madrid), abril 2026

miércoles, 22 de abril de 2026

MANERAS DE VIVIR

Voy cruzando el calendario con pies de plomo, esquivando los lunes, que siempre me dieron grima, cogiendo impulso para saltar de martes a jueves y, como tiro porque me toca, me planto en el viernes sin despeinarme.

Y ahí es donde echo el freno para disfrutar contigo ese fin de semana con sabor a desayunos en la cama, paseos por el parque cogidos de la mano y noches de blanco satén entre sábanas de algodón azul.

Pero después, por más que atraso una y otra vez las manecillas del reloj de sol, la luna traidora siempre se las compone para volver a estrenar semana.

Locutado en "Historias Mínimas" de Candelaria Radio (17 abril 2026) 

martes, 21 de abril de 2026

MALDITA IMPACIENCIA

Quería ser princesa: iba por las charcas besando a cada sapo, pero no funcionaba. O eso creía. Nunca se percató de todos los príncipes azules desencantados que dejaba tras ella.

Publicado en la antología de microrrelatos "Princesas en serie" de la web "Minificcion.com" (Tema: princesas de fantasía), abril 2026

lunes, 20 de abril de 2026

CUESTIÓN DE COMPETENCIAS

Ya hemos elegido un cabecilla. Su estrategia nos ha parecido la más acertada: no llevar la contraria a los que mandan por estos lares. Así pues, nos dejaremos desollar vivos a latigazos, sostendremos sobre los hombros el peso del mundo sin mover un músculo, sudaremos tinta empujando montaña arriba el maldito pedrusco una y otra y otra vez, nos aguantaremos las ganas de atizarle un mamporro al maldito pajarraco que nos picotea las entrañas a diario. Pero sólo hasta que hayamos sobornado a los demonios adecuados y consigamos desencadenar la revuelta definitiva que derrocará al Príncipe de las Tinieblas. Y cuando el poder sea nuestro, nos divertiremos impunemente por toda la eternidad: el de la caldera cuatro, que fue abogado, asegura que Dios no tiene jurisdicción en el Infierno.

Locutado en "Historias Mínimas" de Candelaria Radio (9 abril 2026)


miércoles, 15 de abril de 2026

CABEZA A PÁJAROS

Mi yaya tiene

pájaros en la cabeza,

arrullando todo el día

bajo las tejas.


Mamá le pide

que ponga la mesa:

tenedores y cuchillos,

cucharas y servilletas,

ya está todo listo

en la bandeja.


Pero yaya ve las flores

a través de la ventana,

¡qué preciosos sus colores!

se diría que la llaman.

Y sale a sentarse al campo.

¿Y la bandeja? Olvidada.


Papá le pide

que pasee al perro,

que necesita ejercicio,

quizás enterrar un hueso.

En el jardín del vecino

termina cavando un hueco


porque yaya en su camino

encuentra una mariposa.

¡Ay, qué cosa tan hermosa!

¡Y su vuelo, qué divino!

Y se olvida del deber

con el amigo canino.


Y así, siempre, las tareas

que yaya tiene que hacer

suelen verse relegadas

si se le cruza una idea,

o una mosca, o lo que sea,

o una guitarra rasguea

al filo de anochecer.


El médico intenta

mitigar el desliz,

sin caer en la cuenta

de que, así, ella es feliz:


las aves de su cabeza

trinan de noche y de día,

haciéndole compañía

y espantando la tristeza

cuando la arrullan

bajo las tejas.


Finalista en el 16º Certamen "Picapedreros" de Poesía, de la revista "La Oca Loca" (Daroca, Zaragoza), abril 2026

martes, 14 de abril de 2026

MARTILLO Y CINCEL

Me siento ante el escritorio

y, veloz como un jabato,

compongo un microrrelato,

mas no vi lo obligatorio

en medio del arrebato.

¡Ay, la palabra “lectura”,

que se me ha quedado fuera!

Si atino con la manera

de meterla en la estructura,

el premio, a la faltriquera.

Publicado en Facebook para el II Concurso Exprés de Poesía de la Biblioteca Municipal de Massamagrell (Valencia), abril 2026

lunes, 13 de abril de 2026

AVENTURAS SIN FIN

La lectura de los clásicos juveniles siempre se me había atragantado, hasta que el abuelo pasó unas vacaciones con nosotros en la playa. Sentados bajo una palmera, diseñamos en la arena una casa de robinsones; un patinete de pedales nos sirvió para perseguir a Moby Dick; desde la escollera del puerto vigilamos el submarino del capitán Nemo; y hasta me compró un loro de peluche para llevarlo en mi hombro mientras buscábamos el tesoro pirata. Estoy deseando que llegue el próximo verano: el abuelo me ha prometido que seré su escudero en la batalla contra los gigantes.

Finalista en el VI Concurso Exprés en Facebook de Microrrelatos de la Biblioteca Municipal de Massamagrell (Valencia), abril 2026