Siempre tuviste miedo a ver el mundo en blanco y negro: necesitabas llenar tu paleta de colores brillantes para pintar tus cuadros. Cuando aquellos energúmenos asaltaron tu taller, los mezclaron todos y del batiburrillo que se formó en el suelo brotaron peces de largos cuellos, cebras con cuernos, jarrones con aletas, cerezas gigantes, una mujer de tres cabezas y un solo pie, y hasta una bocina con ojos de sapo. Y te negaste a denunciar a los gamberros porque, con este nuevo estilo, tus lienzos se venden mucho mejor que antes.
Publicado en la web de la ONG Cinco Palabras (marzo2026)