Una gorra de
béisbol, restos de comida, ropas tiradas por el suelo y un chicle
pegado en el borde de la mesita de café eran los únicos indicios
que me había dejado de su presencia.
Con un mohín
de resignación, procedí a limpiar y ordenar aquel desaguisado hasta
que el apartamento volvió a tener una apariencia de normalidad, y me
fui a la cama. Pero sabía de sobra que, a la mañana siguiente, todo
volvería a estar exactamente igual: la misma gorra dejada al
descuido en el taburete de la entrada, la caja de pizza a medio comer
y los vasos de cerveza sin terminar sobre la mesa de la cocina, su
traje y mi vestido formando hilera entre la puerta del salón y el
sofá, y aquel chicle de menta que se sacó de la boca justo antes
del infarto.
Llevamos así
dos meses largos y ya no puedo más: mañana mismo me compro una
ouija, a ver si le convenzo de que pase una temporada alborotándole
la casa a su madre, que siempre anda protestando de que le echa mucho
de menos.
Publicado en la web "EstaNocheTeCuento.com" (Tema: "Desorden"), febrero 2026