Si
alguna vez necesitas entrar en mi ordenador para buscar el último
recibo de la luz o la contraseña del banco o las fotos de aquel
verano en Palma de Mallorca, procura esquivar la carpeta rotulada
como “Juegos de Rol”. Y si, por torpeza o por despiste, pinchas
en ella, no accedas a ese juego que se llama “Escaleras al
Infierno”. Sí, ese en cuyo icono aparece el rostro de un ser
demoníaco envuelto en llamas, en colores rojo intenso y negro
profundo, y da la sensación de que sus ojos amarillos taladran los
tuyos hasta hacerte sentir ganas de gritar y de confesar tus más
oscuros pecados a los cuatro vientos. Pero si, por azar abres el
programa, sobre todo no pulses el botón de “jugar”. Sí, ese
grande, redondo, del color de los atardeceres en las islas
tropicales, que parece atraer tu mirada, tu mano y el ratón del
ordenador hacia él como si fuera un imán.
¿Qué
te había dicho? ¡Que no pulsaras ese botón! ¡Que no entrases en
ese juego! ¡Que no te dejases engatusar por ese diablo tentador!
Míranos ahora, los dos aquí atrapados, en esta escalera solo de
bajada hacia ninguna parte, rodeados de fuego y humo y cenizas, de
aullidos lastimeros y alaridos espeluznantes, de terrores sin nombre.
Yo confiaba en ti para que me rescatases, pensaba que serías
sensato, que no te dejarías seducir por el peligro, que no
cometerías el mismo estúpido error que yo. Por eso te dejé esas
instrucciones tan precisas.
No,
no era una broma, no era un juego, como esto tampoco lo es. Estamos
en la Boca del Infierno, querido, y ese que viene a recibirnos es
Lucifer en persona. Prepárate para arder en el averno.
Finalista en la "Dinámica Literaria Creepypasta" (tema: Terror en Internet) de Historias Worter (enero 2026)