miércoles, 15 de abril de 2026

CABEZA A PÁJAROS

Mi yaya tiene

pájaros en la cabeza,

arrullando todo el día

bajo las tejas.


Mamá le pide

que ponga la mesa:

tenedores y cuchillos,

cucharas y servilletas,

ya está todo listo

en la bandeja.


Pero yaya ve las flores

a través de la ventana,

¡qué preciosos sus colores!

se diría que la llaman.

Y sale a sentarse al campo.

¿Y la bandeja? Olvidada.


Papá le pide

que pasee al perro,

que necesita ejercicio,

quizás enterrar un hueso.

En el jardín del vecino

termina cavando un hueco


porque yaya en su camino

encuentra una mariposa.

¡Ay, qué cosa tan hermosa!

¡Y su vuelo, qué divino!

Y se olvida del deber

con el amigo canino.


Y así, siempre, las tareas

que yaya tiene que hacer

suelen verse relegadas

si se le cruza una idea,

o una mosca, o lo que sea,

o una guitarra rasguea

al filo de anochecer.


El médico intenta

mitigar el desliz,

sin caer en la cuenta

de que, así, ella es feliz:


las aves de su cabeza

trinan de noche y de día,

haciéndole compañía

y espantando la tristeza

cuando la arrullan

bajo las tejas.


Finalista en el 16º Certamen "Picapedreros" de Poesía, de la revista "La Oca Loca" (Daroca, Zaragoza), abril 2026

martes, 14 de abril de 2026

MARTILLO Y CINCEL

Me siento ante el escritorio

y, veloz como un jabato,

compongo un microrrelato,

mas no vi lo obligatorio

en medio del arrebato.

¡Ay, la palabra “lectura”,

que se me ha quedado fuera!

Si atino con la manera

de meterla en la estructura,

el premio, a la faltriquera.

Publicado en Facebook para el II Concurso Exprés de Poesía de la Biblioteca Municipal de Massamagrell (Valencia), abril 2026

lunes, 13 de abril de 2026

AVENTURAS SIN FIN

La lectura de los clásicos juveniles siempre se me había atragantado, hasta que el abuelo pasó unas vacaciones con nosotros en la playa. Sentados bajo una palmera, diseñamos en la arena una casa de robinsones; un patinete de pedales nos sirvió para perseguir a Moby Dick; desde la escollera del puerto vigilamos el submarino del capitán Nemo; y hasta me compró un loro de peluche para llevarlo en mi hombro mientras buscábamos el tesoro pirata. Estoy deseando que llegue el próximo verano: el abuelo me ha prometido que seré su escudero en la batalla contra los gigantes.

Publicado en Facebook para el VI Concurso Exprés de Microrrelatos de la Biblioteca Municipal de Massamagrell (Valencia), abril 2026

domingo, 12 de abril de 2026

BAÑO COMPARTIDO

Llego a casa como de costumbre, puntual como un reloj de arena.

Abrigo al perchero, llaves en su cuenco, zapatos al rincón. Pongo proa hacia el dormitorio, en busca de la ansiada ducha que me relaje después de un día de trabajo agotador. Chaqueta al respaldo de la silla, falda estirada sobre la cama, blusa al suelo junto con la ropa interior -nota mental: hay que poner la lavadora esta noche sin falta-.

Abro la puerta del baño y mi sorpresa es mayúscula: una densa neblina de vapor lo inunda todo, impidiéndome distinguir nada a menos de un palmo de mis narices. El aroma de mi gel favorito me anima a internarme en esa bruma húmeda, en dirección al sonido de unos chapoteos intermitentes. Pensaba que mi novio me había preparado un baño de espuma pero, al parecer, lo está tomando él. ¿O es que su intención es compartirlo?

Animada por esa perspectiva, alcanzo la bañera y me meto dentro. Justo en ese instante, llega flotando la voz de mi novio desde el dormitorio, avisándome de que no moleste a su nueva mascota, que tiene muy mal genio. Demasiado tarde: el cocodrilo ya me ha visto.

Finalista en el III Concurso de Microrrelatos organizado por la Fundación Miguel Carreras (Zaragoza), abril 2026

viernes, 10 de abril de 2026

PIEL DE CORDERO

Últimamente me cuesta horrores conciliar el sueño, la mayoría de las noches me las paso completamente en blanco. El psicólogo me ha recomendado que me apunte a los talleres del Ayuntamiento: este trimestre hay yoga y está convencido de que un poco de relajación me vendrá de perlas.

El primer día, al aparecer con mi alfombrilla al hombro, el resto de alumnos me miran con evidente aprensión. Los siete cabritillos se trasladan al rincón más alejado de la sala; los tres cerditos forman un corrillo y cuchichean muy agitados mientras me miran de reojo; Caperucita protesta indignada a la abuela, pero ésta pone orden con dulzura y comienza la clase. Poco a poco, se van tranquilizando los ánimos y, a final de mes, ya me tratan con confianza, como a uno más.

Estoy deseando pasar a las clases de cocina del próximo trimestre: en cuanto empecemos con las prácticas me los zampo a todos. Acostarme con la barriga llena es justo lo que necesito para acabar con mi insomnio.

Publicado en la Revista Digital "Valencia Escribe" nº 17 (marzo 2026)

jueves, 9 de abril de 2026

ARTISTA CLANDESTINO

Les escribí una nota a mis padres, apenas unas letras para asegurarles que sigo bien. La igualdad de mi caligrafía en el sobre llamó la atención del cartero, que aprovechó la oportunidad para mirar el remite y presentarse en mi casa. Gracias a la accesibilidad de las ventanas, pudo colarse dentro en mi ausencia y convertir mi salón en una selva tropical llenando sus paredes de plantas exóticas y animales salvajes. Cuando vi su maravillosa creación, no pude enfadarme con él y le pedí que pintase en mi dormitorio otro mural: una ventana abierta al mar.

Publicado en la web de la ONG Cinco Palabras (abril 2026)

martes, 7 de abril de 2026

ESTO NO ES NARNIA

Mientras hablábamos -o, más bien, mientras mamá me echaba una bronca de campeonato y yo escuchaba, en la actitud más sumisa que me permitía el cuerpo-, no despegaba los ojos de los suyos, evitando por todos los medios desviar la mirada hacia el armario del que provenían los ruidos, para que no volviera a regañarme.

Aún recuerdo cuando, la semana pasada, escuché en su interior un estruendo muy grande y, al abrir la puerta, tropecé con una manada de elefantes que lo atravesaban a la carrera, sorteando a duras penas la ropa colgada. No consiguieron esquivarla toda, claro, y mi chaqueta favorita, la de lana blanca con botones de perlitas, fue a parar bajo sus patas y quedó llena de huellas de barro.

-¿La chaqueta que he tenido que lavar a mano? -gruñó mamá cuando se lo conté-. ¿La que te pusiste el domingo para ir al parque con papá, y que dejaste por ahí tirada para que terminase siendo pisoteada por los chiquillos?

-Por los chiquillos no, mamá, fueron los elefantes de mi armario.

Pero mamá soltó un bufido y no quiso seguir con el tema.

Unos días después oí muchos golpes dentro del armario y, al asomarme por la puerta entreabierta, sorprendí a un par de duendes dando martillazos. Eran más simpáticos que los elefantes y me regalaron una preciosa cunita de madera para mi muñeca favorita.

-¿De qué hablas? -se extrañó mamá-. Esa cuna la compró papá en un mercadillo, no sé por qué últimamente te ha dado esa manía de inventarte historias.

Me mordí la lengua para no discutir con ella y desde entonces no he vuelto a mencionar el armario de mi cuarto: no le he dicho una palabra del ballet ruso que la otra tarde salió dando saltos y haciendo piruetas, y me invitó a bailar con ellos “El Lago de los Cisnes” sobre la alfombra -qué guapa me veía con el tutú rosa que me prestaron-; ni del pozo mágico que descubrí al día siguiente bajo las zapatillas de deporte, y que me concedió el deseo de ponerles lucecitas de colores en los talones -¡lo que fliparon mis amigas en el cole cuando las vieron!-; ni siquiera de la casita de chocolate que apareció ayer entre las mantas del altillo -ya veremos cuando llegue el invierno y mamá las encuentre llenas de manchurrones-.

Pero esta mañana no he tenido más remedio que pedirle ayuda. Me acababa de poner la ropa que había sobre la silla -mamá siempre me la deja preparada la noche anterior, para tardar menos-, cuando me ha parecido distinguir el sonido de unos tambores en el interior del armario. Mamá me estaba llamando a desayunar y no le gusta que me retrase, pero la curiosidad ha sido más fuerte que el deber y he pensado que no pasaría nada por asomarme sólo un momentito. ¿Y si era una fiesta y me la estaba perdiendo? He abierto la puerta y no he podido evitar soltar un chillido: entre las faldas de vuelo y los pantalones cortos estaba papá, vestido de safari y atado a un poste. A través de la mordaza que le tapaba la boca se escapaban murmullos ahogados en los que me ha parecido distinguir, al menos, mi nombre, y pestañeaba tanto que sus ojos parecían estar pidiendo socorro en morse. Mientras, unos indígenas danzaban a su alrededor, cubiertos con taparrabos y adornados con collares hechos de cuentas y plumas. Al oírme gritar, se han vuelto hacia mí enseñando unos dientes muy afilados y agitando las lanzas que llevaban en la mano.

Sin perder un segundo, he cerrado de un portazo y he bajado a la carrera hacia la cocina, pero en mitad de la escalera me he chocado con mamá, que subía a investigar por qué tardaba tanto. Ha tenido que sacudirme por los hombros para que me calmara un poco y pudiera contarle lo que me tenía tan agitada y, en ese momento, no estaba yo para pararme a pensar y se lo he soltado todo de sopetón.

-¡Papá está prisionero de una tribu de salvajes que se lo quieren comer! -he gritado, aterrorizada.

-¿Quéeee? -ha chillado mamá, a su vez, abriendo mucho los ojos-. ¿Dónde?

-¡En mi armario!

Entonces, le ha cambiado el color de la cara. Ha apretado los labios muy fuerte y sus dedos se han despegado de mis hombros.

-Baja a desayunar -ha mascullado entre dientes. Al ver que yo empezaba a protestar, ha añadido, en tono algo más alto-: Ahora mismo.

Y ha señalado con el brazo extendido en dirección a la cocina.

-Pero es que... -he intentado, de todas formas.

-¡Ni una palabra más, señorita!

He bajado el resto de la escalera cabizbaja y con un gran peso en el pecho. Al sentarme frente al cola-cao y la tostada, me he girado hacia ella y, con los ojos llenos de lágrimas, le he preguntado, en un susurro:

-¿Podemos salvar a papá, por favor?

Mamá ha suspirado, creo que le he dado algo de penita, y ha meneado la cabeza.

-Tú desayuna y vete al colegio, que ya me ocupo yo.

-Pero le vas a salvar, ¿verdad? Es que los indígenas deben ser caníbales porque encima de la estantería de las camisetas me ha parecido ver un caldero humeante.

Mamá ha fruncido el ceño y no ha dicho más, pero con la mano me ha indicado que me diera prisa. El reloj de la cocina marcaba ya y cuarto, así que he engullido el desayuno a toda velocidad y he salido disparada hacia el colegio, colgándome la mochila de camino.

-¡Ten cuidado al cruzar! -me ha gritado mamá desde la ventana, como si fuera un día normal.

Yo he agitado la mano en respuesta, como siempre, pero esta vez he añadido, mientras corría por la acera:

-¡Vale, pero tú sube a salvar al pobre papi!

Mamá ha desaparecido de la ventana y yo he seguido corriendo. Menos mal que el colegio está cerca; aún así he llegado por los pelos y me he llevado una bronca de la profe de lengua, porque ya había cerrado la puerta de la clase -qué exagerada, ni siquiera había llegado a sentarse en su silla-. He pasado toda la mañana distraída, mirando una y otra vez el reloj, sin escuchar apenas a los profesores y sin intervenir en las conversaciones de mis amigas, que no hacían más que preguntarme lo que me ocurría, pero yo no tenía ganas de contarles nada, estaba demasiado preocupada por papá. ¿Habría llegado mamá a tiempo? O bien, horror de los horrores, ¿la habrían hecho prisionera a ella también?

Esa posibilidad, que no se me había ocurrido antes, me ha puesto todos los pelos de punta y cuando, al fin, ha sonado la campana, he cazado mi mochila al vuelo y he trotado de nuevo hacia casa, rezando para que todo haya salido bien.

Y aquí estoy, llamando al timbre. Mamá me abre la puerta sonriente, como de costumbre, lo cual me da esperanzas.

-¿Has salvado a papá? -le pregunto, casi sin resuello después de la carrera.

-He encontrado la solución perfecta. Ya no tendremos más problemas con el dichoso armario.

Eso no me suena nada bien así que corro -otra vez- escaleras arriba, con un mal presentimiento flotando sobre mi cabeza. Al llegar a mi cuarto, abro la puerta con cierto recelo y suelto un agudo chillido al ver el desaguisado: el macizo armario de madera ha sido sustituido por una estructura metálica -de IKEA, seguro, tiene toda la pinta- con unas barras horizontales a dos alturas de donde cuelgan las perchas con mis vestidos, y unos estantes de rejilla ocupando todo un lateral, donde se apilan mis camisetas, jerseys y ropa interior. Todo bien a la vista, sin paredes ni puerta alguna.

-¡Noooo! -grito, al borde del llanto-. ¿Qué has hecho?

-Así ya no habrá más ruidos ni más historias -se justifica mamá, en sus trece.

-¡Pero... pero...!

-Bueno, ya está, se acabó. Ponte a hacer los deberes y no se hable más.

-¿Y qué has hecho con el armario? -pregunto, débilmente.

-Se lo han llevado los del Ayuntamiento. Supongo que lo venderán, la verdad es que me da lo mismo, como si quieren hacer leña con él.

Sale de mi cuarto dando un portazo y yo me tiro en la cama a llorar, desconsolada.


Pasan los días y, efectivamente, en mi habitación no vuelve a oírse ningún ruido fuera de lo normal. No más elefantes, ni duendes, ni bailarines de ballet. Tampoco hemos vuelto a ver a papá. Mamá conferencia con la vecina de enfrente en el rellano de la escalera cuando cree que no las oigo, y atrapo alguna que otra palabra: “huir”, “pelandusca”, “dinero”. Me pone triste que no me crea, pero me pone más triste aún pensar en el pobre papi, sin saber si todavía está esperando a que vayamos a rescatarle o si los indígenas caníbales lo han echado al estofado.

Ahora me aplico mucho en clase de geografía, para tratar de localizar en los mapas el poblado donde lo tienen prisionero. Entonces, ya sólo me quedará encontrar otro armario de madera y, con un poco de suerte, podré traer a papá de vuelta a casa.

Finalista en el VI Concurso Letraheridos (abril 2026)

Se publicará en la Revista Digital "Letraheridos" nº 48 (agosto 2026)

viernes, 3 de abril de 2026

MENSAJE SIN BOTELLA

Hoy te envío este mensaje con el ánimo abatido de quien no confía en sus propias fuerzas para seguir adelante. Estoy al borde de la desesperación pero, aun así, trataré de resistir un poco más por si respondes a esta misiva antes de que el sueño eterno caiga definitivamente sobre mis párpados cansados. Por favor, di que vendrás en mi auxilio y que rescatarás a este pobre caracol harto de esquivar los pies de tantos peatones como circulan por el parque en esta maldita primavera.

Publicado en la web de Adella Brac (Reto 5 líneas, abril 2026)

miércoles, 1 de abril de 2026

LOS PELIGROS DEL TURISMO

FERDINANDO

Esto del turismo es un auténtico peligro.

Primero me hago un esguince bajando las malditas escaleras de caracol de la torre inclinada, que digo yo que por qué no la ponen derecha de una vez y así no se les iría el cuerpo para todos lados a los dichosos turistas con sobrepeso, y no irían por ahí cayendo encima de la gente y torciéndoles los tobillos.

Y después, con el pie ya vendado, para no forzarlo subiendo y bajando bordillos sin cesar, voy por la calzada camino del hotel, con la firme intención de hacer la maleta y volverme a mi casa en Porto Venere, cuando estoy a punto de perecer bajo las infames ruedas de una bicicleta que me asalta por detrás, sin un mal grito de advertencia, conducida salvajemente nada más y nada menos que por una monja, hábito gris, toca al viento, que está a punto de hacerme regresar al hospital, esta vez con un infarto agudo, ya que me libro por los pelos de un montón de huesos rotos.

Total, que la veo alejarse calle abajo y doblar la esquina con un espeluznante chirrido, mientras me quedo en medio de la calle agitando una muleta, improperio va y maldición viene.


SOR ÁNGELA

Esto del turismo es un auténtico peligro.

Primero, a la madre superiora no se le ocurre idea más brillante que comprar una bicicleta para el convento, "para hacer los recados con más eficiencia evitando los atascos", dice. Como si hubiera tanta prisa por acudir a explicarle al señor obispo los pequeños inconvenientes que aquejan a nuestra humilde comunidad.

Y después, cuando la hermana Celestina, que antes de pronunciar los votos hacía ciclismo, ya se había comprometido a hacerse cargo de ese invento del demonio, cae enferma y la madre superiora me lo endosa a mí, que siempre he sido de conducción torpe.

Total, que en mi primera salida se me pone delante un cojo que no sabe para qué sirven las aceras y, con los nervios de esquivarle, no acierto a frenar y estoy a punto de estamparme contra un muro al girar una esquina a una velocidad muy superior a la razonable.


EL CARACOL

Esto del turismo es un auténtico peligro: hoy he estado a punto de morir aplastado dos veces. No sé qué es peor, las monjas en bicicleta o los panolis con muletas. Mañana mismo me vuelvo al campo.

 

Ganador del V Certamen Literario "Cascabel" de Relato Breve (Fundación Comillas, Cantabria), abril 2026

lunes, 30 de marzo de 2026

EL PESO DEL DOLOR

El artesano iba modelando la pieza con amor y con paciencia: el recipiente, las patas, la tapadera.

Al morir su primer hijo añadió a ésta un círculo en el que encerró todo su dolor. Y con cada hijo perdido añadió otro círculo al conjunto hasta completar los nueve. Cuando ya no le quedó ninguno, la caja albergaba tanta pena que era imposible levantarla.

Ninguno de los posibles compradores logró jamás tomarla en sus manos. Y ahí sigue, tantos años después. 

Seleccionado por el comercio "Artesanía Hosca" en la 3ª Gyncana "Sal a escribir" realizada durante el 15º ENTCuentro, Cabezón de la Sal (marzo 2026). Escrito conjuntamente con Asun Paredes.


domingo, 29 de marzo de 2026

LADRÓN DE GUANTE BLANQUÍSIMO

Llamé a la policía en cuanto me percaté de la desaparición del valioso collar. El inspector insistió en que no podía considerarse delito haberlo borrado del retrato de mi bisabuela.

Publicado en la antología de microrrelatos "Hurtos revelados" de la web "Minificcion.com" (Tema: robos), marzo 2026

domingo, 22 de marzo de 2026

YA HE TENIDO BASTANTE

Me dijiste que soy la luz de tu vida cuando sé que prefieres la oscuridad. Que no te separarás de mi lado cuando sé que siempre caminas solo. Que somos almas gemelas, que tu corazón me pertenece, aunque no tienes alma ni corazón. Y yo no tengo más paciencia. Adiós.

Publicado en la antología de microrrelatos "Oscuridad del habla" de la web "Minificcion.com" (Tema: mentira), marzo 2026

viernes, 20 de marzo de 2026

LA EMOCIÓN DEL REGRESO

Cada vez que sobrevolaba las montañas, enfocaba sus prismáticos de largo alcance para acercarse, aunque solo fuera con la vista, a la aldea que tan generosamente le había acogido unos años atrás. Cómo añoraba sus calles empedradas, el olor a leña de sus chimeneas, sus gentes cordiales, la empanada de doña Engracia.

En la vuelta 257 no pudo aguantar más y huyó de la Estación Espacial Intergaláctica en una nave diminuta, como la otra vez. Mientras descendía a toda velocidad, le pareció sentir los latidos de ese curioso órgano del que él carecía y que allá abajo llamaban corazón.

Publicado en la web "EstaNocheTeCuento" para el 1º Certamen "San Vicente del Monte" (15º ENTCuentro, Cabezón de la Sal, marzo 2026)


jueves, 19 de marzo de 2026

CAMBIO DE TERCIO

Aquellos dos últimos años de sequía creativa me habían impulsado a volver. Allí, entre la docena de casas anidadas en la falda de la montaña, había cuajado la novela que me encumbró, al ritmo lento y sereno con que cuajan los copos de nieve sobre sus tejados. El traslado a la ciudad fue un error, ahora lo veía claro: era en aquella aldea donde acudían a mí asesinos y fantasmas, sirenas y ancianitas, ángeles y demonios, brotando en torrente de mi pluma, como antaño. Pero esta vez me surgían historias intensas, precisas, concentradas. "Un libro de microrrelatos", decidí.

Publicado en la web "EstaNocheTeCuento" para el 1º Certamen "San Vicente del Monte" (15º ENTCuentro, Cabezón de la Sal, marzo 2026)

domingo, 15 de marzo de 2026

EL LOBO Y PEDRO

La madre le reñía cuando gastaba la consabida bromita, hasta que un día se cumplió su pronóstico y el pequeño pidió ayuda en vano ante un aprieto verdadero. Regresó a casa con las orejas gachas y el rabo entre las patas, a lamerse la herida de los perdigones de Pedro.

Publicado en la antología de microrrelatos "Descubre el fondo" de la web "Minificcion.com" (Tema: fábula), marzo 2026

domingo, 8 de marzo de 2026

CAMBIO DE MÉTODO

Siempre tuviste miedo a ver el mundo en blanco y negro: necesitabas llenar tu paleta de colores brillantes para pintar tus cuadros. Cuando aquellos energúmenos asaltaron tu taller, los mezclaron todos y del batiburrillo que se formó en el suelo brotaron peces de largos cuellos, cebras con cuernos, jarrones con aletas, cerezas gigantes, una mujer de tres cabezas y un solo pie, y hasta una bocina con ojos de sapo. Y te negaste a denunciar a los gamberros porque, con este nuevo estilo, tus lienzos se venden mucho mejor que antes.

Publicado en la web de la ONG Cinco Palabras (marzo 2026)

viernes, 6 de marzo de 2026

DEMASIADO TARDE

Juré que nada ni nadie me separaría de aquel muchacho de ojos de mar y sonrisa a corazón abierto, pero no contaba con que mi propia hermana me traicionase. Es lo que tiene ser gemelas, que tenemos los mismos gustos y, cómo no, ella también había sucumbido a las doradas flechas del angelote ciego. Aprovechando un viaje de trabajo que no pude eludir, consiguió adelantar mi boda, suplantándome. Los ojos del novio al verme entrar a la carrera en la iglesia eran todo un poema de terror.

Publicado en la web de Adella Brac (Reto 5 líneas, marzo 2026)


sábado, 28 de febrero de 2026

NUNCA FUI RENCOROSA

Cuando te fuiste, mi mundo se vino abajo. Pasaron meses hasta que dejé de maldecir tu nombre, de empapar pañuelos de papel, de pasar las noches en blanco. Ahora que me he reconciliado con la vida, me llegan noticias de que vas a regresar. Quiero que sepas que te aguardo con los brazos abiertos. Y con una magnum del 35.

Publicado en la antología de microrrelatos "Mensajes lluviosos" de la web "Minificcion.com" (Tema: el llanto), febrero 2026

viernes, 27 de febrero de 2026

SIN REFERENCIAS

Necesitaba vengarme del imbécil de mi cuñado por el susto que me dio en carnaval disfrazado de momia, casi me da un infarto. Cuando vi aquel anuncio del periódico, no lo dudé. ¿Cómo iba a saber que el vampiro que contraté para que apareciese en su casa era de verdad?

Publicado en la antología de microrrelatos "Sombras que respiran" de la web "Minificcion.com" (Tema: Criaturas de terror), febrero 2026

miércoles, 25 de febrero de 2026

DAME UN RESPIRO

Una gorra de béisbol, restos de comida, ropas tiradas por el suelo y un chicle pegado en el borde de la mesita de café eran los únicos indicios que me había dejado de su presencia.

Con un mohín de resignación, procedí a limpiar y ordenar aquel desaguisado hasta que el apartamento volvió a tener una apariencia de normalidad, y me fui a la cama. Pero sabía de sobra que, a la mañana siguiente, todo volvería a estar exactamente igual: la misma gorra dejada al descuido en el taburete de la entrada, la caja de pizza a medio comer y los vasos de cerveza sin terminar sobre la mesa de la cocina, su traje y mi vestido formando hilera entre la puerta del salón y el sofá, y aquel chicle de menta que se sacó de la boca justo antes del infarto.

Llevamos así dos meses largos y ya no puedo más: mañana mismo me compro una ouija, a ver si le convenzo de que pase una temporada alborotándole la casa a su madre, que siempre anda protestando de que le echa mucho de menos.

Publicado en la web "EstaNocheTeCuento.com" (Tema: "Desorden") y seleccionado para la repesca anual (febrero 2026)

lunes, 23 de febrero de 2026

NO SIN LUCHAR

Me dijeron que no eras de fiar, pero no hice caso de las señales. Me dejé llevar por mi espíritu romántico y a estas alturas estoy demasiado colada por ti como para dejar que regreses a tu planeta sin más.

Publicado en la antología de microrrelatos "Pulsos suspensivos" de la web "Minificcion.com" (Tema: Romance), febrero 2026

jueves, 12 de febrero de 2026

LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE

Me temo que has dejado de creerte la mentira piadosa de que voy a pilates todas las tardes, igual que yo no me trago que prefieras mi paella a la de tu madre. Aprovecho que duermes la siesta en el sofá para escabullirme, aunque noto tus ojos clavados en mi nuca al salir por la puerta. Pero, terca, me niego a admitir que mi plan haya quedado obsoleto antes de llevarlo a la práctica, y sigo acudiendo a mis clases de magia, con la esperanza de conseguir convertirte en gusano un día de estos.

Publicado en la web de la ONG Cinco Palabras (febrero 2026)


martes, 10 de febrero de 2026

PROBLEMAS DE ABASTECIMIENTO

Esta mañana, al despertar, me siento extraña, como si me hubiera convertido en un bicho raro, un caracol gigante bañado en una baba espesa y maloliente, con una pesada concha sujeta a mi espalda que apenas me deja respirar. Pienso en Kafka y me río: seguro que no es más que una pesadilla y, de un momento a otro, despertaré en mi cuerpo de siempre.

Llevo dos meses atenta a las señales de que vuelvo a ser yo, y los sándwiches de ensaladilla que había en el caparazón se están agotando.

Publicado en la web de Adella Brac (Reto 5 líneas, febrero 2026)


domingo, 8 de febrero de 2026

DE INCÓGNITO

Una diminuta luciérnaga se estampa contra mi ventana. Compadecida del pobre bichito, la rescato y la instalo en una cajita de cerillas forrada de algodón. No ha pasado ni una hora, cuando aparece Peter Pan acusándome de secuestrar a Campanilla.

Publicado en la antología de microrrelatos "Residencias vivas" de la web "Minificcion.com" (Tema: Fantástico), febrero 2026

lunes, 2 de febrero de 2026

INQUILINO INDESEABLE

He recogido a otro mendigo de la calle, un pequeñín adorable. Le doy de cenar y lo acuesto. Yo me quedo despierta, expectante, hasta oír los gruñidos, los gorgoteos, los chillidos y, finalmente, el silencio. Ya estoy a salvo, por un mes más, del monstruo que vive bajo la cama.

Publicado en la antología de microrrelatos "Distorsiones" de la web "Minificcion.com" (Tema: Terror psicológico), enero 2026

domingo, 1 de febrero de 2026

SABIHONDOS

El que sabe, sabe; el que no, que se calle.

Publicado en la antología de microrrelatos "Avisos que parecen consejos" de la web "Minificcion.com" (Tema: refranes), enero 2026

jueves, 29 de enero de 2026

ESCALERAS AL INFIERNO

Si alguna vez necesitas entrar en mi ordenador para buscar el último recibo de la luz o la contraseña del banco o las fotos de aquel verano en Palma de Mallorca, procura esquivar la carpeta rotulada como “Juegos de Rol”. Y si, por torpeza o por despiste, pinchas en ella, no accedas a ese juego que se llama “Escaleras al Infierno”. Sí, ese en cuyo icono aparece el rostro de un ser demoníaco envuelto en llamas, en colores rojo intenso y negro profundo, y da la sensación de que sus ojos amarillos taladran los tuyos hasta hacerte sentir ganas de gritar y de confesar tus más oscuros pecados a los cuatro vientos. Pero si, por azar abres el programa, sobre todo no pulses el botón de “jugar”. Sí, ese grande, redondo, del color de los atardeceres en las islas tropicales, que parece atraer tu mirada, tu mano y el ratón del ordenador hacia él como si fuera un imán.

¿Qué te había dicho? ¡Que no pulsaras ese botón! ¡Que no entrases en ese juego! ¡Que no te dejases engatusar por ese diablo tentador! Míranos ahora, los dos aquí atrapados, en esta escalera solo de bajada hacia ninguna parte, rodeados de fuego y humo y cenizas, de aullidos lastimeros y alaridos espeluznantes, de terrores sin nombre. Yo confiaba en ti para que me rescatases, pensaba que serías sensato, que no te dejarías seducir por el peligro, que no cometerías el mismo estúpido error que yo. Por eso te dejé esas instrucciones tan precisas.

No, no era una broma, no era un juego, como esto tampoco lo es. Estamos en la Boca del Infierno, querido, y ese que viene a recibirnos es Lucifer en persona. Prepárate para arder en el averno.

Finalista en la "Dinámica Literaria Creepypasta" (tema: Terror en Internet) de Historias Worter (enero 2026)


lunes, 26 de enero de 2026

TOMAR UN ATAJO

Alba apareció al amanecer al pie del barranco por el que se había despeñado su coche. A Benedicta la encontraron colgada en la buhardilla de su casa, sin nota alguna. Consuelo no llegó a despertar del sueño: en su mesilla, una botella de coñac mediada y tres frascos de somníferos vacíos. Dorotea se daba un baño de espuma cuando el secador de pelo enchufado cayó al agua. Y Esperanza no sobrevivió a la caída desde su terraza en el sexto piso.

Por más que el jefe de policía sostuviera a capa y espada en sus comunicados de prensa que habían sido meros accidentes y suicidios, pronto se corrió la voz de que había una mente perversa tras aquellas muertes, y su esposa le suplicó llorando que detuviera al maníaco homicida antes de que llegase a la M. Él decidió que no merecía la pena arriesgarse tanto: era el momento de hacerse con la fortuna de su querida Mari Fe.

Publicado en la web "EstaNocheTeCuento.com" (Tema: "Fe"), enero 2026

martes, 20 de enero de 2026

CAMBIO DE TORNAS

Cuando se abrió aquel agujero y empezó a vomitar monstruos, tuvimos que huir y escondernos bajo tierra. Pasados los años, ellos viven tranquilos y felices en nuestras casas, pasean por nuestras calles, se bañan en nuestras playas. Ahora nos toca a nosotros hacer realidad sus peores pesadillas.

Publicado en la antología de microrrelatos "Restos Humanos" de la web "Minificcion.com" (Tema: Distopía), enero 2026

lunes, 19 de enero de 2026

TRAGEDIA GRIEGA

Añoro ese sabor tan delicioso a perejil y a ajo bien picado que emanaba de tu boca cuando me besabas entre bastidores, justo antes de mi actuación. Por más que le juré a tu marido que se debía a los boquerones del catering y que no había nada entre nosotras, se puso como loco cuando detectó su leve rastro en mis labios, durante la escena en la que yo debía besarlo a él. La crítica dice que fue la mejor interpretación de su vida. Lástima que fuera la última, debido a esa desgraciada confusión con el puñal que tenía que clavarle y que -ups- resultó no ser de atrezo.

Finalista de "Relatos En Cadena" de la SER (enero 2026, semana 16)

 

domingo, 18 de enero de 2026

¿DE QUÉ PERIÓDICO HAS DICHO QUE ERES?

-¿Puede decirme cómo resuelve usted sus casos, Monsieur Poirot?

El famoso detective me mira, parpadea, se atusa los bigotes.

-En serio, no esperará usted que conteste a esa pregunta, ¿verdad, muchacho?

El tonillo, aparte de estar teñido de acento francés, resulta por demás impertinente, como dando por hecho que alguien de aspecto tan insulso e imberbe como el que me toca contemplar en el espejo cada mañana jamás podría llegar a entender los intrincados procesos que tienen lugar en un privilegiado cerebro como el del hombre que tengo delante. Carraspeo, me revuelvo en la silla -la más incómoda de la habitación, seguro que lo ha hecho a propósito-, y empuño el bolígrafo y la libreta de notas con más empeño, si cabe, que antes.

-Lo que quiero decir es que no me creo que resuelva usted un asesinato, por poner un ejemplo, desde el sillón de su casa, sin mover un solo dedo, como ha declarado en ocasiones.

Toma ya. A ver por dónde sales ahora.

Frunce el ceño ominosamente, y por un instante me veo de patitas en la calle, sin entrevista y sin haber probado las pastas que aún permanecen intactas en una bandeja, sobre la mesita de café. Pero no. Como imaginaba, su desmesurado ego no le permite dejar que un profano como yo se marche con una idea equivocada de la soberbia potencia de su intelecto. Allá vamos: inspira hondo, se yergue en su sillón de orejas, eleva las cejas y abre la boca. Mis dedos se cierran sobre el bolígrafo y lo apoyo en la libreta, presto a lanzarme a escribir a toda velocidad en cuanto comience la esperada verborrea.

Y, en efecto, el tipejo me ofrece una disertación en toda regla acerca de las ventajas de estudiar cuidadosamente cada una de las pistas, cada uno de los posibles rumbos de la investigación, cada una de las hipotéticas soluciones del caso, para ir descartándolas una a una según se comprueba que resultan incongruentes.

-Así -afirma, con expresión plácida, mientras cruza las manos sobre el regazo y se recuesta de nuevo en el sillón- se llega a la única conclusión posible que, por supuesto, es la acertada.

-Pero tendrá que revisar la escena del crimen y las pistas con sus propios ojos...

-¡No, no, no! Los ojos son la fuente más frecuente de engaño, créame: el cerebro es el único que puede separar lo importante de lo inútil. Yo dejo que otros me cuenten lo que ven, y mi mente lo interpreta correctamente.

Este tipo es del todo insufrible. Ya antes lo sospechaba, pero ahora lo he comprobado de primera mano.

-Muy bien, Monsieur Poirot. Con esto tengo material más que suficiente, le agradezco infinito su atención y su paciencia.

Y, estrechando su mano, abandono el cuarto con toda la rapidez que mis piernas me permiten. En una cosa tiene razón el afamado detective: no necesito que mis ojos asistan a la escena siguiente, me la puedo imaginar a la perfección y con todo lujo de detalles. Cómo se dará cuenta de que mi libreta de notas ha quedado olvidada sobre la mesita de café, junto a las pastas sin tocar; cómo la abrirá, intrigado por saber lo que he escrito sobre él; cómo encontrará la lista de víctimas del llamado “asesino del sello”, rubricada en la esquina superior izquierda por una marca idéntica a la que el criminal graba sobre la frente de los cadáveres, y que la policía no ha dado a conocer; cómo llegará a la inevitable conclusión de que el apocado muchacho que ha tenido enfrente no es quien aparenta.

Jaque Mate, Monsieur Poirot”, murmuro mientras camino, ufano, por la calle, sin percatarme de los dos hombres con pinta de policías de paisano que me siguen los pasos desde que salí del portal.

Ganador del I Concurso de Relatos Entrevista2 (La Cuaderna del Norte), enero 2026

jueves, 15 de enero de 2026

AUTODIDACTA A LA FUERZA

Mi abuelo me enseñó que, con talento y aprendizaje, la poción mágica de toda la vida, se puede conseguir cualquier cosa que uno se proponga. El talento lo tenía desde pequeñito, según opinión generalizada de mi familia, y para obtener el segundo ingrediente de la fórmula recurrí a un gran mago que tutelara mi aprendizaje. Sin embargo, entusiasmado al vislumbrar mi potencial, el buen hombre me puso a practicar los trucos demasiado pronto y aquí estoy, devorando cuantos libros de prestidigitación caen en mis manos, a ver si consigo hacerle reaparecer.

Ganador mensual del V Concurso de Microrrelatos sobre Talento FUNDAE - Capital Radio (diciembre 2025)

martes, 13 de enero de 2026

INVASIÓN

La consigna es no oponer resistencia. Me habría sentido más seguro llevando una pistola láser, pero el equipamiento de fábrica es muy básico y no hay presupuesto para extras. Y aquí vamos, mi placenta y yo en mutua compañía, avanzando a trompicones por nuestro particular Estrecho de Gibraltar. Repaso mentalmente las instrucciones: es importante que mi comportamiento presente una absoluta igualdad con el de las crías reales de estos humanos para que no sospechen nada. Para emergencias, han puesto dinero a mi nombre en el banco, pero ¿qué puede ir mal si me miran con esos ojitos tan tiernos?

Publicado en la web de la ONG Cinco Palabras (enero 2026)


lunes, 12 de enero de 2026

ZAFARRANCHO DE LIMPIEZA

Cuando su ahijado se va, el hada madrina suspira, aliviada: ese enorme dragón que el muchacho lleva siempre consigo lo pone todo perdido. Asoma la cabeza por la ventana y su silbido pone en marcha a todos los enanos de jardín, que acuden cantando, pertrechados con bayetas y fregonas.

Publicado en la antología de microrrelatos "Reinos fugaces" de la web "Minificcion.com" (Tema: Fantasía), enero 2026

sábado, 10 de enero de 2026

Concurso: escribir una sola frase utilizando cuatro palabras dadas (en mayúsculas en el texto)

El volcán exhala un HUMO negro y espeso, que ARROPA piedras, árboles y nubes en su manto de cenizas antes de desvanecerse en el horizonte con un SICALÍPTICO suspiro, mientras sus labios de ardiente lava depositan el VÓRTICE de un tórrido beso sobre las olas del sonrojado océano.

Finalista en el canal de YouTube "La Tregua del Escritor" (enero 2026)


viernes, 9 de enero de 2026

NO ME VENGAS CON CUENTOS

Jamás se ha visto cosa igual en todo el reino: un dragón albino, blanco como la espuma del mar, de ojos color tormenta y cuernos dorados. Quien lo venza obtendrá la mano de la princesa, bella entre las bellas. “Este cuento es para pequeños, abuelo, yo paso”, bufa Carlitos. El abuelo sacude su melena blanca como la espuma del mar, y sus ojos color tormenta relampaguean peligrosamente bajo las gafas doradas. Hasta que la abuela, bella entre las bellas, los llama a los dos a cenar.

Publicado en la web de Adella Brac (Reto 5 líneas, enero 2026)


jueves, 8 de enero de 2026

VALIJA DIPLOMÁTICA

El humilde establo está abarrotado, parece que todo Belén se haya acercado a conocer al recién nacido, que duerme apaciblemente. Sus padres sonríen a la gente que va desfilando ante el Niño para depositar regalos a sus pies: pastores, lavanderas, tejedoras, aguadores, incluso el alcalde con un nutrido séquito y varios funcionarios de la concejalía de cultura y festejos han pasado por allí.

La fila de visitantes se va alargando al correrse la voz de la buena nueva de pueblo en pueblo: todos quieren conocer al Mesías prometido y, bajo el resplandor de una inusitada estrella, aguardan pacientemente su turno. Para evitar tumultos -siempre hay algún listillo que intenta colarse-, un Ángel de alba túnica y grandes alas inmaculadas supervisa la buena marcha del evento. Con disimulo y sin resultado, consulta con frecuencia el whatsapp de su móvil: los más ilustres invitados, que deberían haber llegado hace ya un buen rato, siguen sin dar señales de vida.

Al fin, sobre una duna se recorta la silueta de tres camellos que avanzan a buen paso. Sobre ellos, se bambolean tres personajes de ricas vestiduras con cara de no poca ansiedad. El Ángel se apresura a acudir a su encuentro, señalando su reloj en muda reprimenda por el retraso.

Los Reyes Magos descabalgan para situarse al final de la fila, y es entonces cuando el Ángel repara en lo que portan en sus enguantadas manos: una bolsa de doradas monedas de chocolate, una cesta de coloridos jabones, y un frasquito con sales de baño perfumadas. Melchor, ante la cara de absoluta estupefacción del Ángel, se sonroja hasta la raíz de sus venerables canas y se disculpa, avergonzado: “Los pasaportes diplomáticos, que estaban caducados y nos lo han confiscado todo en la Aduana. No hemos tenido otro remedio que parar en unos chinos de camino: era lo único que estaba abierto”. El Ángel pone los ojos en blanco y masculla, indignado: “lo que hay que ver”.

Publicado en la Revista Digital "Pansélinos" nº 47 (diciembre 2025)



domingo, 4 de enero de 2026

AL RAYAR EL ALBA

Cinco minutos para el alba.

Camino desorientado entre la arboleda, sin saber cómo he llegado hasta aquí ni cuál es el propósito de mi presencia en este solitario paraje. La línea del horizonte transcurre discontinua entre los troncos de añosos pinos, robustas encinas y altos robles, mostrándose ante mis ojos como una sucesión de puntos y rayas que parece querer comunicarme un mensaje incomprensible para mi cerebro, profano en los entresijos del código morse.

Hacia allí dirijo mis pasos, buscando en esa tímida luz previa al amanecer alguna pista, el más leve indicio que desvele el misterio de por qué las suelas de mis botas no hacen crujir las agujas de pino que cubren el suelo, por qué los arbustos no pinchan mis piernas a través de los vaqueros, o por qué el aliento que brota de mis labios en este gélido ambiente no forma nubecillas ante mis ojos.

Cuatro minutos para el alba.

Al fin he conseguido salir del bosquecillo y me he encontrado en lo alto de una loma con privilegiadas vistas sobre la ciudad. Las casas bostezan con puertas y ventanas, vomitando a las calles una riada inagotable de sombras que se deslizan apresuradas, como ratones grises recorriendo su laberinto diario.

Recuerdo haber traído aquí a mi novia muchos fines de semana, al filo del anochecer, cuando los guiños de las farolas iban a más en vez de a menos, y esa misma riada de autómatas regresaba al hogar arrastrando los pies tras una dura jornada. Dirijo la mirada hacia la explanada donde solíamos aparcar, buscando la familiar silueta de mi viejo coche, y mis ojos tropiezan con otro vehículo, casi exactamente en el mismo lugar, y también ocupado por una pareja.

Algo se remueve en mis entrañas, algo recio y desagradable, una sensación de fatalidad que me impele a acercarme a ese coche extraño y, no obstante, conocido. Tras unos primeros pasos vacilantes, la inquietud me acelera pulso y zancadas, y llego junto a él a la carrera, frenando en el último instante para no estamparme contra la carrocería. Jadeante, agacho la cabeza y escudriño a través de la ventanilla, empañada por el calor que desprenden esos dos cuerpos que se retuercen en una frenética danza de ropas revueltas y manos ansiosas, en una sinfonía de gemidos compartidos y palabras masculladas contra labios ajenos, en un recital de ávidas caricias y de besos húmedos. Aturdido, contemplo a mi mujer –es ella, sin duda alguna– enfrascada en los prolegómenos del apareamiento con un hombre que no soy yo.

Tres minutos para el alba.

Algo hierve en mi interior. Incredulidad, rabia, furia asesina.

Soy incapaz de dejar de mirar, de apartarme, de dar la vuelta y huir. Es como si un imán invisible me retuviera en el sitio, boquiabierto, ojiplático. Esas palabras, esos besos, esas caricias que la infiel prodiga al usurpador, cuando deberían ser mías, me queman el alma.

Y, de golpe, los recuerdos vuelven a mí, inundan con su impetuoso oleaje todos y cada uno de los meandros de mi cerebro. Desfilan ante mis ojos, como una película en blanco y negro, los dos últimos meses. Dos meses desde que la traidora posó la vista sobre el nuevo jefe y decidió que era más joven, más guapo y más prometedor que yo.

Dos largos meses de reunirse con él, los dos solos en su despacho a puerta cerrada, mientras yo aguantaba el chaparrón en la sala común, tratando de hacer oídos sordos a los cuchicheos y las cuchufletas a mi alrededor; de arrimarse a él en el ascensor atestado, sin importarle que el arrebol de su rostro delatase las actividades ilícitas que transcurrían en los bajos fondos; de pretextar una cena de trabajo para invitarle, al salir de la oficina, a algún antro con poca luz y mucha tolerancia, regresando a casa tarde y con un brillo lúbrico en la mirada.

Dos meses eternos, amargos, devastadores. Dos meses insoportables. Y entonces, en un arranque de orgullo herido, mi estúpida amenaza de tirarme desde un puente si seguía con sus engaños. Y su risa, jocosa, escéptica, que me empujó a coger el coche y dirigirme al puente más cercano, donde seguramente no habría llevado a cabo ese ridículo ultimátum, aunque tampoco se me permitió tomar la decisión por mí mismo: el hado estaba ocurrente ese día y, nada más acceder al puente, fui arrollado por un pesado camión que perdió el control. Un par de vueltas de campana y, luego, vacío y oscuridad.

Dos minutos para el alba.

La cólera me corroe, no puedo quedarme quieto, necesito hacer algo. Algo que interrumpa este impúdico festival amoroso.

Exhalo mi aliento sobre el parabrisas delantero, que se cubre de una tenue capa escarchada. Los crujidos del cristal al contacto con el frío alertan a la parejita. Exclamaciones de sorpresa: bien. Me sitúo junto a la ventanilla cerrada, la atravieso delicadamente con un brazo y paso la mano ante el rostro de ambos, rozándoles apenas la cara con mis invisibles dedos helados. Gritos de alarma: muy bien. La cabeza sigue al brazo al interior del vehículo y aproximo a ellos mi boca incorpórea para susurrar sílabas sin sentido junto a sus oídos. Chillidos de puro terror: excelente.

Cuando pronuncio claramente sus nombres, con una voz de ultratumba que incluso a mí me pone los pelos de punta, ella esconde la cabeza entre los brazos y solloza con fuerza mientras él, muy pálido, abre la portezuela y se arroja fuera del coche, emprendiendo una atolondrada huida a cuatro patas. Magnífico. Este espectáculo de angustia y desesperación extremas mitiga en cierto modo los padecimientos de estos dos últimos meses.

Un minuto para el alba.

Mi mujer y su amante han recuperado el aplomo antes de lo que esperaba y han husmeado por los alrededores en busca de posibles bromistas. Por supuesto, no han encontrado a nadie porque no había nadie que encontrar, y yo he tenido buen cuidado de permanecer quietecito y en silencio. Aún así, han aceptado la explicación del intruso guasón como la más lógica y probable y, dando un rápido carpetazo al asunto, se han apresurado a subirse al coche y hacer mutis por el foro.

Yo me he quedado un rato más sentado sobre una piedra, saboreando esos momentos de pánico por su parte y de alborozo por la mía, breves pero intensos, como un dulce prohibido, tanto más exquisito cuanto más pecaminoso. A medida que la claridad del amanecer va adquiriendo consistencia, yo me siento cada vez menos consistente: supongo que los primeros rayos del sol naciente marcarán mi completa desaparición, aunque espero que ésta no sea definitiva y que, por simetría, el último rayo del sol poniente traiga mi espectro nuevamente al mundo de los vivos.

Ahora que he visto lo divertido que puede ser hacerle la vida imposible a este par de adúlteros, no me parece tan mal esto de ser un fantasma. A fuerza de concentración consigo envolver mi figura en un tenue resplandor e incluso me levanto del suelo un par de centímetros, lo suficiente para mostrarme como una aparición flotante, más o menos translúcida si bien confío que perfectamente reconocible. Ya me imagino sus ojos desorbitados, sus bocas abiertas, sus temblores convulsivos... todo un bálsamo reconfortante para mi pobre espíritu condenado que, al rayar el alba, como un reloj, se desvanece en la nada.

Y, mientras me esfumo, me regocijo con la certeza de que en mi particular infierno nocturno vamos a ser tres.

Finalista del III Certamen Literario "Cuzcurrita de Río Tirón" (Ayuntamiento de Cuzcurrita de Río Tirón y Grano de Arena) y publicado en antología, diciembre 2025

viernes, 2 de enero de 2026

¿QUÉ HACE UN CARTERO COMO TÚ EN UN COTILLÓN COMO ESTE?

Nada más trasponer el umbral, se percató de su error: no debió hacer caso al bromista del abuelo cuando le aseguró que vestido de juguete de acción daría la campanada. Todos le miraban desde el pedestal de sus mejores galas, burlándose de los falsos músculos de su camiseta y de su cartuchera de Madelman de pega.

Entonces la vio, tan incongruente como él con su uniforme, su gorra y la fláccida saca de Correos al hombro. Otra pardilla convencida de que aquello era una fiesta de disfraces. Vino hacia él; fue rozarse y saltar la chispa. Mientras aquellos pijos coreaban la cuenta atrás al ritmo de las campanadas, ellos descendían los doce escalones que llevaban al aseo, envueltos en una nube de excitación y de serpentinas.

Y, en lo alto del árbol que adornaba la sala, un angelote de plástico sonreía con la satisfacción del trabajo bien hecho.

Publicado en la web "EstaNocheTeCuento.com" (convocatoria extraordinaria "El Gordo" de Navidad), diciembre 2025