El artesano iba modelando la pieza con amor y con paciencia: el recipiente, las patas, la tapadera.
Al morir su primer hijo añadió a ésta un círculo en el que encerró todo su dolor. Y con cada hijo perdido añadió otro círculo al conjunto hasta completar los nueve. Cuando ya no le quedó ninguno, la caja albergaba tanta pena que era imposible levantarla.
Ninguno de los posibles compradores logró jamás tomarla en sus manos. Y ahí sigue, tantos años después.
Seleccionado por el comercio "Artesanía Hosca" en la 3ª Gyncana "Sal a escribir" realizada durante el 15º ENTCuentro, Cabezón de la Sal (marzo 2026). Escrito conjuntamente con Asun Paredes.
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