Me habían dicho que aquel océano era magnífico pero nunca me habría imaginado, ni en mis sueños más locos, una cosa semejante. La enorme extensión de agua que se mecía con una cadencia lenta, hipnótica, bajo una bóveda reluciente. Las olas que, de pronto, comenzaron a encresparse, a salpicarme, a elevarse coronadas de espuma, a atraparme en sus fauces líquidas y voraces, a revolcarme en su abrazo hasta perder el sentido de lo que era arriba y abajo.
Impotente, miré por última vez a las demás moscas, a salvo al otro lado del cristal, y deseé no haber entrado jamás en aquella maldita lavadora.
Clasificado en la Fase Preliminar para el "Mundial de Microrrelatos" en Facebook de Historias Worter (mayo 2026)
No hay comentarios:
Publicar un comentario