Adoro viajar. El problema siempre es dónde dejar a mi perro: en casa solo no se puede quedar, ni tampoco con mi vecina, que tiene dos gatos con muy malas pulgas y siempre le largan algún arañazo cuando coincidimos en el ascensor. Es un animal entrañable, que adora los abrazos y los achuchones, y le encanta comer pizza y helados, igual que yo. Hasta nos damos un aire, me han dicho alguna vez. Excluyendo sus antenas luminiscentes y mis dos cabezas azules, por supuesto.
Publicado en la web de la ONG Cinco Palabras (septiembre 2026)
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