Adán tomó una manzana, la acarició con reverencia, aspiró su aroma, mordisqueó su pedúnculo, lamió su piel caliente por el sol. Mientras, echaba fugaces miradas a Eva, impaciente por saber si sus maniobras la estaban excitando. Pero ella solo tenía ojos para la traviesa serpiente que jugueteaba entre sus muslos.
2º Premio en el Concurso de Nanorrelatos "Letras Eróticas" (Asociación Escritores en Rivas), mayo 2026
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