jueves, 8 de enero de 2026

VALIJA DIPLOMÁTICA

El humilde establo está abarrotado, parece que todo Belén se haya acercado a conocer al recién nacido, que duerme apaciblemente. Sus padres sonríen a la gente que va desfilando ante el Niño para depositar regalos a sus pies: pastores, lavanderas, tejedoras, aguadores, incluso el alcalde con un nutrido séquito y varios funcionarios de la concejalía de cultura y festejos han pasado por allí.

La fila de visitantes se va alargando al correrse la voz de la buena nueva de pueblo en pueblo: todos quieren conocer al Mesías prometido y, bajo el resplandor de una inusitada estrella, aguardan pacientemente su turno. Para evitar tumultos -siempre hay algún listillo que intenta colarse-, un Ángel de alba túnica y grandes alas inmaculadas supervisa la buena marcha del evento. Con disimulo y sin resultado, consulta con frecuencia el whatsapp de su móvil: los más ilustres invitados, que deberían haber llegado hace ya un buen rato, siguen sin dar señales de vida.

Al fin, sobre una duna se recorta la silueta de tres camellos que avanzan a buen paso. Sobre ellos, se bambolean tres personajes de ricas vestiduras con cara de no poca ansiedad. El Ángel se apresura a acudir a su encuentro, señalando su reloj en muda reprimenda por el retraso.

Los Reyes Magos descabalgan para situarse al final de la fila, y es entonces cuando el Ángel repara en lo que portan en sus enguantadas manos: una bolsa de doradas monedas de chocolate, una cesta de coloridos jabones, y un frasquito con sales de baño perfumadas. Melchor, ante la cara de absoluta estupefacción del Ángel, se sonroja hasta la raíz de sus venerables canas y se disculpa, avergonzado: “Los pasaportes diplomáticos, que estaban caducados y nos lo han confiscado todo en la Aduana. No hemos tenido otro remedio que parar en unos chinos de camino: era lo único que estaba abierto”. El Ángel pone los ojos en blanco y masculla, indignado: “lo que hay que ver”.

Publicado en la Revista Digital "Pansélinos" nº 47 (diciembre 2025)



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