Cuando su ahijado se va, el hada madrina suspira, aliviada: ese enorme dragón que el muchacho lleva siempre consigo lo pone todo perdido. Asoma la cabeza por la ventana y su silbido pone en marcha a todos los enanos de jardín, que acuden cantando, pertrechados con bayetas y fregonas.
Publicado en la antología de microrrelatos "Reinos fugaces" de la web "Minificcion.com" (Tema: Fantasía), enero 2026
No hay comentarios:
Publicar un comentario