Estoy harta de que mi marido me discuta cada jugada al terminar el partido. Que si no ha sido penalti, que si el fuera de juego era dudoso, que si ese gol había que anularlo. Nunca pensé que, siendo árbitro, el peor crítico lo tendría en casa. Pero ahora ya estamos mejor: se mantiene siempre tranquilo y calladito, lo único que delata su desacuerdo son esas venitas rojas que le resaltan en los ojos. Muy útil, ese manual sobre momificación que encontré por casualidad en una librería de viejo.
Publicado en la cuarta propuesta (segundo día) del concurso de microrrelatos "El Mundial también se escribe" de Facebook (julio 2026)
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