jueves, 2 de julio de 2026

LLEVAMOS ASÍ UNA ETERNIDAD

El bar estaba vacío de alegría, de ilusiones, de esperanza. La apabullante goleada en contra nos había dejado a todos planos y silenciosos. A primera hora de la tarde habíamos llegado animados y bullangueros, a ver en pantalla grande el partido crucial de nuestro equipo que nos permitiría, al fin, ascender a primera división. El primer gol lo habían marcado nuestros chicos -de cabeza, nada menos- y la reacción había sido estruendosa. Las botas firmadas por Pelé aún giraban colgadas en el ventilador del techo -para repartir suerte, dijo alguien- cuando llegó el empate y la peña enmudeció. Hasta la tortuga del hijo del dueño desapareció en el interior de su concha, agobiada. Después fueron cayendo uno tras otro los tantos del equipo contrario, como losas que iban sepultando nuestras voces en el vacío. Al final, tuvimos que resignarnos a seguir en segunda y, arrastrando los pies, regresamos al cementerio, donde nos recibió una marcha fúnebre que nos sonó a pitorreo. Nos despedimos con desgana y cada uno se encerró en su nicho, a aguardar la Liga del próximo año.

Publicado en la tercera propuesta del concurso de microrrelatos "El Mundial también se escribe" de Facebook (junio 2026)

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