Corrí por la banda, intentando con desesperación no pisarme la túnica -ay madre, cómo se están poniendo los bajos de barro, verás la que me va a caer- y no enredarme con los cordones de las sandalias, emperradas en desatarse una y otra vez. Justo cuando ya tenía ganada la posición, me llegó un pase largo niquelado que olía a gol desde lejos. Pero volví a hacerme un lío con las alas, que se me pusieron delante de los ojos, y el balón salió disparado por encima del larguero. Cuando yo jugaba con los vivos, todo era más fácil.
Publicado en la cuarta propuesta (sexto día) del concurso de microrrelatos "El Mundial también se escribe" de Facebook (julio 2026)
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