Ya hemos elegido un cabecilla. Su estrategia nos ha parecido la más acertada: no llevar la contraria a los que mandan por estos lares. Así pues, nos dejaremos desollar vivos a latigazos, sostendremos sobre los hombros el peso del mundo sin mover un músculo, sudaremos tinta empujando montaña arriba el maldito pedrusco una y otra y otra vez, nos aguantaremos las ganas de atizarle un mamporro al maldito pajarraco que nos picotea las entrañas a diario. Pero sólo hasta que hayamos sobornado a los demonios adecuados y consigamos desencadenar la revuelta definitiva que derrocará al Príncipe de las Tinieblas. Y cuando el poder sea nuestro, nos divertiremos impunemente por toda la eternidad: el de la caldera cuatro, que fue abogado, asegura que Dios no tiene jurisdicción en el Infierno.
Locutado en "Historias Mínimas" de Candelaria Radio (9 abril 2026)
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