Naufragamos en islas distintas pero lo suficientemente cercanas como para comunicarnos mediante señales de humo. De haber sabido hacerlas, claro. También podríamos haber intercambiado mensajes en una botella. De haber tenido papel, o lápiz, o siquiera botella. Carecíamos de banderolas que agitar, o de espejos para reflejar el sol, o de un mal megáfono que llevarnos a la boca para hablar a gritos. Desesperado, decidí entrenar a un delfín que rondaba por allí para que hiciera de intermediario. Lástima que la biología no fuese mi fuerte y me confundiera de aleta.
Locutado en "Historias Mínimas" de Candelaria Radio (5 junio 2026)
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